El deporte siempre ha sido mi pasión, mi vía de escape. El deporte me ha hecho y me hace pasar a otro yo. Empiezo a practicarlo y soy otro.
Así ha sido siempre. Desde pequeño, jugando en la plaza del pueblo con el espacio que quedaba entre los bancos sirviendo a modo de porterías.
El ciclismo, que volvía loco a mi padre por mis escapadas con once años por las carreteras que nos unían a otros pueblos y que hacíamos en ruta en “secreto” unos amigos –ellos mucho mayores que yo– y por los madrugones que suponía que me llevara a correr algunos domingos. No se me daba nada mal, ¡eh!
El baloncesto. Palabras mayores. Me acompaña desde edad “minibasket”. Primero el 15 a la espalda, como EPI. Después una muñequera roja, como un tal Jordan. Jugaba día y noche. En la cancha, en la calle, en el salón de casa,… ¡Veía mil videos! Esperaba como agua de mayo que saliera un nuevo número de Gigantes.