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jueves, 3 de marzo de 2011

Falcon Crest.


En la web de Libertad Digital publican hoy una noticia referente al abuso de nuestro Gobierno en gastos públicos para gastos particulares. Sí, sí, el mismo Gobierno que se saca de la manga la inteligentísima medida de reducir la velocidad en nuestras autovías para reducir nuestro gasto en petróleo –en el post “De 120 a 110 km/hora… ¿Cuánto vale el tiempo?” explico mi visión de esta medida. Por cierto, parece que la previsión de gasto inicial de 240.000 € para modificar las señales horizontales puede que se vaya hasta los 800.000 €. Seguro que será mucho más…–. El mismo Gobierno que parece ser que está planteándose subvencionar el cambio de neumáticos para ahorrar, según he escuchado en la noticias, la cantidad de 0,3 litros por cada 100 kilómetros (sólo voy a decir que para compensar el gasto de unos  400 € por coche en ponerle 4 nuevos neumáticos eficientes ese coche debe recorrer unos 102.500 kilómetros para ahorrarse en combustible esos 400 €)

viernes, 14 de enero de 2011

Regreso al Futuro.


¡No os lo vais a creer! ¡He cumplido el sueño de la humanidad! No, no, no he quedado a cenar con Sara Carbonero. Ese sería el sueño de la mitad de la humanidad. Bueno mira, he cumplido uno de ellos, ya está… ¡He viajado en el tiempo en un DeLorean sesenta años hacia el futuro! No veas cómo estará el patio…
El caso es que me he traído del futuro una carta. La última carta que escribió, o que escribirá, uno de los ex Presidentes del Gobierno del futuro, que hoy en día debe ser un joven de no más de treinta años, así que igual al leerla ya va a saber que es suya…
Por cierto, el hombre se ha quedado un poco “pillao”, porque dice cosas muy raras en la carta. Dice así...

viernes, 7 de enero de 2011

Once Brothers


Hacía demasiado tiempo que quería ver el documental “Once Brothers”. En él, Vlade Divac, ex jugador de L.A. Lakers, cuenta en primera persona la historia de su relación de amistad con el que fuera uno de los mejores jugadores europeos de todos los tiempos, y tristemente desaparecido víctima de un accidente de tráfico en 1993, Drazen Petrovic –si no sois seguidores del baloncesto no importa. Es un documental de la vida, no del deporte, así que os lo recomiendo–.

No voy a explicar quienes fueron estos dos grandísimos jugadores. Necesitaría muchas palabras para hacer si quiera una aproximación a sus figuras… y como el baloncesto es mi pasión podría “aburriros”.

En este documento, Divac –serbio– recuerda episodios de su vida en los que en compañía de Petrovic –croata– vivieron momentos de gloria y felicidad, otros que fueron  duros y en los que dieron muestras de su amistad… y cómo afectó a esa relación el conflicto bélico de 1991 en la antigua Yugoslavia, concretamente la Guerra Croata de Independencia.
Es impactante recordar en imágenes cómo en plenos años 90 una sociedad “desarrollada” y europea llegó a tal extremo de violencia. Muertes, destrucción, pobreza, abusos. Ríos de personas en busca de un lugar seguro. En busca de paz. Familias rotas. Todo eso “hace tres días”.


Como siempre, el poder y el dinero es lo que mueve todo conflicto de ese nivel. Es disfrazado con banderas, sentimientos y colores por los promotores de las mismas. Nunca verán “al que manda”, “al que decide”, estar en primera línea de fuego. Ni a sus familiares directos. Ni a los que le rodean, cómplices en deseos de gloria. “¡Hay que proteger al líder!”, se dice en esos casos. Pero si tanto “creen” en ello, ¿por qué no están los primeros dando ejemplo? 

martes, 21 de diciembre de 2010

Señorías, una muestra de dignidad.


Queridos Reyes Magos,
¡Ups! Me he equivocado… 
Queridas señorías (senadores y diputados),
Quisiera haceros una pregunta acorde al tratamiento lingüístico por el que se os nombra a todos vosotros, “señorías”. Pero antes unas explicaciones pesadas pero necesarias para entender mi pregunta.
El diccionario de la RAE nos explica como primera acepción del término “señoría” lo siguiente: “Tratamiento que se da a las personas a quienes compete por su dignidad.” Un breve análisis de la descripción.

jueves, 9 de diciembre de 2010

"Me toca las narices"

Sinceramente, desconozco si es algo impuesto por la habilidad de los que manejan los hilos mundiales desde los "anales" ( es que vamos de culo...) de la historia o si es una circunstancia que nos viene incorporada genéticamente a todas las personas del mundo. El "Bipolarismo" (ya, ya, no viene en la RAE)

Políticamente se acuña el término de “Bipolaridad Mundial” al periodo comprendido entre el 1945 (Conferencia de Yalta) y la llegada de los años 90 (Caída del Muro de Berlín en 1989 y Disolución de la Unión Soviética en 1991) en el que – a grosso modo - la “guerra fría” entre los Estados Unidos y la Unión Soviética amenazaba la estabilidad mundial, con dos formas de entender la humanidad (capitalismo y comunismo), respaldadas con dos organismos en defensa de sus intereses (OTAN y Tratado de Varsovia), con dos modelos económicos (Plan Marshall y Comecon), etc. El resto, el Movimiento de Países no Alineados, ¿a quién le importaba? Pues a las dos grandes potencias, que se los intentaban repartir.

Pero todo tiene un principio y un final, como la vida. Nada es eterno, y menos el juego de "quien es más bonito entre tú y yo".

¿Utopía o sueño por el que luchar?

A raíz de la Huelga General convocada para el día 29 de septiembre quiero hacer pública una reflexión que nada tiene que ver con mi pasión y con el tema de mi blog, que es el baloncesto. Espero que entendáis que este es sólo un post excepcional, que de lo que seguiré escribiendo tras este será de lo nuestro, el baloncesto.


Vivimos en un engaño permanente. Nos engañan los políticos de un partido, los de otros, los alcaldes de pueblo que te conocen de toda una vida, los nuevos que acaban de llegar, los de las grandes ciudades, los que tienen como objetivo en sus inicios no cometer los errores de los anteriores, los que antes de llegar criticaban la gestión de los que estaban, los sindicatos, las asociaciones en defensa de lo que sea, todos.

Estamos en la sociedad de “que me puedo echar al bolsillo… y si puede ser sin trabajar”.

Día tras día te das cuenta de que todos (o casi) y cada uno de los anteriormente relacionados tienen unos objetivos muy concretos que con el paso del tiempo y de los nombres se mantienen. Son muy básicos. Poder. Reconocimiento público. Palmadas en la espalda. Ganar las siguientes elecciones. Un puesto para el retiro. La obtención de subvenciones. Dinero.